Mi corazón es una escalera
enterrada en un jardín,
sin apoyo,
sin más soporte que la fe en mis palabras
y en la promesa de que nunca, hasta mi muerte,
habrá de venirse abajo.

Algunos pocos suben
y casi nadie ha mirado el paisaje desde arriba.

Mi corazón endeble, tembloroso
es una escalera en pie, sostenida de la nada.

El hombre que inventó a Borges

I

En el texto apócrifo  “El hombre que inventó a Borges” se dice que escribieron a Jorge Luis Borges con el fin de que creara todos los mundos posibles en un libro, y a Yun-Tsu y sus irremediables destinos en  El Jardín de los senderos que se bifurcan. 

Nota: El manuscrito original posee un epilogo, hoy extraviado, una advertencia al lector de que eventualmente escribiría estas líneas con la misión de hacerle creer que no existe Borges.

II

Siglo tras siglo, vida tras vida, hemos sido, somos y seremos  Yun-tsu perdido en el hogar de Asterión, escritura de un Borges que un otro inventó, el Minotauro atrapado en un infinito laberinto de letras.

En esta ocasión, Borges decidió llamarme Álvaro, hasta el día que mi encuentro con Teseo interrumpa el párrafo que aún continúa escribiéndose.